San Juan Bautista

SAN JUAN BAUTISTA EN VÉGUETA

En el año 1638 se mencionó al pueblo de Végueta con el nombre de San Juan Bautista de Begueta y así continuará llamándose a lo largo de ese siglo y del siguiente con ligeras modificaciones en la ortografía de sus letras. De ser cierta la idea de que la talla que representa a San Juan Bautista habría determinado la modificación por añadidura del nombre del pueblo, el arribo de la efigie se habría producido a comienzos del siglo XVII y no del XVIII, como pensábamos antes.

Las fuentes escritas de la colonia nos hablan de una Végueta que se extendía desde el mar hasta las estribaciones andinas y continuaban río arriba hacia Quipicoy (Quipico) para confundirse con los límites de Sayán.

También son frecuentes los denuncios sobre reiteradas ceremonias religiosas de los regnícolas veguetanas a sus dioses tutelares que los españoles se habían propuesto desterrar, combatir, desaparecer, para reemplazarlo con la doctrina de Cristo.

En un documento tardío del siglo XVIII (1762) se dice que Végueta tiene un hermoso templo dedicado a San Juan Bautista y que se había reedificado después del temblor de 1687, gracias a la devoción de una familia huaurina, a cuyo hijo bautizaron con el nombre del Mártir del Maqueronte.

Valiéndose de los datos que le proporcionara nuestro homero veguetano señor EUGENIO COLLANTES, que San Juan quiso quedarse en Végueta, el folklórogo huachano don ISAIS NICHO RODRIGUEZ, publicó hace media centuria (1942) la aludida estampa, junto a otra referida también a San Juan “Las Caravanas”.

En efecto, la tradición vegueta, más o menos con ligeras modificaciones formales preserva el MITO sobre el arribo de San Juan Bautista a Végueta.

San Juan Bautista y Fray Melchor Aponte son dos de los tres personajes que, a nuestro juicio, han gozado de mayor arraigo en el pueblo, y lo mantienen cada vez creciente.

El intendente de cura, Fray Melchor Aponte aparece en 1801 integrando una comisión de compra venta en el convento Nuestra Señora de Belén, en Lima. En 1818 ya estaba en Végueta, junto a San Juan Bautista. En 1822, en un Sínodo de Mercedarios es elegido Comendador de su Ordenen Trujillo. Luego regresaría para continuar su labor misionera y lograr el traslado del pueblo veguetano a una zona más seca que es la que ocupa actualmente. En un documento fechado el 10 de octubre de 1837, se da cuenta de 22 religiosos mercedarios fallecidos entre noviembre de 1833 y octubre de 1837. En esa relación aparece el nombre de Fray Melchor Aponte y de Fray José Rojas con la indicación de haber fallecido en Huaura.

La construcción del Templo actual, a iniciativa de Fray Melchor Aponte, se inició el 21 de mayo de 1832 y fue estrenada el 7 de Julio de 1833. Su costo aproximado 12.000 pesos. En 1859 se cayó parte del techo y fue reconstruido por el pueblo encabezado por su mayoral Manuel Frutoso Collantes. Hasta 1878 se inició el entablado del techo obra que se concluyó en 1881. Luego siguieron obras menores. En 1940 se malogró la Torre debido al terremoto y fue reconstruido posteriormente. La Torre actual es obra de los últimos años (década del 70).

La cofradía veguetana ha sufrido varios juicios largos y costosos por la posesión de las tierras de la Cofradía. En 1889 se sigue el pleito en la Corte Superior de Lima por un terreno en Mazo. En 1910, a inicios de ese aciago año, la comunidad le enjuicia a la Cofradía ante el juzgado de 1ra Instancia de la Provincia, exigiendo que la Cofradía le rinda cuenta a ellos y no a los mayorales sobre los bienes del Santo. Estos lamentables incidentes crearon un cisma al interior del pueblo e impidieron el nombramiento de mayorales en 1910 y 1911. Se formaron dos grupos enconados que afectó la gestión municipal en la segunda década del siglo. Reapareció cuando se perdió Loretillo y avivó en el juicio por las tierras del Amo.

MITO DEL ARRIBO DE SAN JUAN BAUTISTA A VEGUETA

Más o menos con ligeras modificaciones de forma y contenido, se conserva aún en la memoria del poblador don Eugenio Collantes (Q.E.P.D), el mito acerca del arribo de la imagen de San Juan Bautista al pueblo de Végueta.
Al promediar el siglo XVIII (Así calculó por los datos indirectos de los abuelos de mi casi octogenaria abuelita), un barco español que viajaba con mercancías al callao, de pronto e inexplicablemente detuvo su marcha frente a la isla. Al instante los ´tecnicos revisaron las maquinarias creyendo se trataba de algún desperfecto y como quiera que a pesar de no haber encontrado fallas mecánicas el barco se mantenía firme, los pasajeros empezaban a alborotarse y el Capitán de la tripulación sumamente nervidos paseaba a grandes trancos. Previendo alg´n percance vecino, creyó éste que gente mal intencionada había producido este insólito hecho; con ese motivo, ordenó se destaparan dos cajones de dudoso contenido y a sus ojos poco católicos aparecieron las imágenes de San Juan Bautista y el Sr. de Huamantanga... Como un rayo le llegaron a su memoria muchos recuerdos pasados, y aunque no se podía explicar un suceso singular ocurrido por primera vez en su larga vida de marino, no se daba cuenta que el tiempo transcurría...

A lo mejor uno de estos santos quiere quedarse por aquí - dijo. Y señalando al Señor de Huamantanga ordenó su desembarco. Nada hizo variar la posición del barco, que aún sin la imagen aludida seguía inmóvil, ante la atónita conducta de los marinos y la indignación del Capitán.

Bueno, bajen entonces esta imgaen - dijo coléricamente dirigiéndose a San Juan.

Los marineros llevaron la imagen a tierra y la colocaron en un pequeño recodo formado por los cerros de Punta Végueta. No bien San Juan pisó playa, cuando la embarcación recobró milagrosamente su movimiento.

Un leñador y luego l os pescadores que madrugaron aquel día, hallaron la imagen del desconocido..

Pronto lo supo el pueblo, que se agolpó en grupo al lugar del misterioso hallazgo y, con la devoción que con toda seguridad debía merecer tan extraño personaje, le trasladaron y condujeron en una modesta capilla, que hasta entonces, era el lugar donde los sacerdotes misioneros del curato de Huaura hacían rezar el rosario.

Como Végueta era en aquellos tiempos anexo de la Villa de Carrión de Velasco, creyeron los de Huaura que por derecho les correspondía la imagen de San Juan (Así reconocido por los curas) y sin mediar muchas explicaciones se lo llevaron a su tierra.

Pero San Juan quería ser veguetano y lo demostró en 3 oportunidades. La primera vez lo hallaron en el camino de Chacaca y la segunda en las inmediaciones de Chacarilla. Para evitar que la imagen continuase sus ya molestas fugas, los huaurinos optaron por encadenarla, en la creencia de que personas interesadas sacaban al santo del lugar donde se hallaba, valiéndose de la oscuridad y silencio de la noche.

Poco después, por el camino que va a Ruquia, hoy camino de San Juan, cuentan los ancianos haber escuchado el tintilar de sus cadenas. A la mañana siguiente, fue hallada su imagen en las cercan{ia de Ruquia, lugar donde los veguetanos trasladaron a San Juan en procesión, ante la devoción fervorosa de un pueblo humilde y religioso que contempló maravillado la dulce mirada de su Sanjuancito y hasta vio en sus pies las manchas secas de barro.

Los huaurinos, en vista de sus tentativas frustradas, desistieron muy a su pesar de sus ya absurdas pretenciones.

 
 

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